EL CONTENDOR POR LA FE

Dedicatoria:



A la Revista Evangélica homónima que se publicó entre los años 1924 al1993. A sus Directores y Redactores a quienes no conocí personalmente, pero de quienes tomé las banderas, para tratar de seguir con humildad el camino de servir a Dios trazado en la revista durante casi 70 años.



sábado, 22 de febrero de 2014

MI YUGO ES FÁCIL, Y LIGERA MI CARGA


Por El Contendor

 

Mateo 11:28  Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Mateo 11:29  Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;

Mateo 11:30  porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

 

De acuerdo con la definición de yugo que da el diccionario bíblico:

Barra de madera o armazón que se coloca sobre el cuello de dos animales de tiro (generalmente reses vacunas) para que tiren de un apero de labranza o de una carreta o carruaje. (Nú 19:2; Dt 21:3; 1Sa 6:7.) En este último caso solían sujetarse por medio de dos tiras, que rodeaban el cuello del animal. Algunos yugos, en vez de tener tiras, estaban atravesados por estacas que bajaban por ambos lados del cuello de los animales y se ataban con correas en torno a la garganta. En ocasiones, los yugos se sujetaban a la base de los cuernos del animal.

 

 

 

Los términos griegos (zy·gós, zéu·gos) que transmiten la idea de un yugo se derivan de la palabra zéu·gny·mi, que significa “enyugar; uncir; juntar; atar; unir entre sí”. Generalmente se uncían entre sí dos animales, por lo que la palabra griega zéu·gos puede significar un “par” o “yunta” de animales.

 


Los esclavos a menudo tenían que llevar cargas (compárese con Jos 9:27; 1Ti 6:1), y por esta razón el yugo representaba apropiadamente una condición de esclavitud o sujeción a otra persona, como la sujeción de Esaú a Jacob (Gé 27:40) o la sujeción a un gobernante o nación (1Re 12:4-14; 2Cr 10:4-14; Eze 34:27), así como un estado de opresión y sufrimiento. (Isa 58:6-9.)

Un yugo de hierro denotaba una esclavitud más severa que un yugo de madera. (Dt 28:48; Jer 28:10-14.) Y quitar o romper el yugo significaba liberación de esclavitud, opresión y explotación. (Le 26:13; Isa 10:27; 14:25; Jer 2:20; 28:2, 4; 30:8; Eze 30:18.)

La Ley que Dios dio a la nación de Israel era un yugo, puesto que los colocaba bajo obligaciones y responsabilidades para con Jehová Dios. Como lo que la Ley prescribía era santo, justo y bueno, no obraba para perjuicio de los israelitas. (Ro 7:12.)
 
Sin embargo, no pudieron observarla a la perfección debido a su pecaminosidad e imperfección, y, por lo tanto, resultó ser un yugo que ni ellos ni sus antepasados fueron capaces de cargar (puesto que el quebrantarla resultó en condenación para ellos).
 
Este fue el argumento de Pedro al mostrar que no era necesario imponer a los cristianos gentiles la obligación de observar la “ley de Moisés”. (Hch 15:4-11.) La Ley misma no producía esclavitud, pero el pecado sí. (Ro 7:12, 14.)
 
Por lo tanto, el que alguien tratase de obtener la vida guardando la ley mosaica a la perfección no solo resultaría imposible, sino también le ‘restringiría otra vez en un yugo de esclavitud’, pues por ser pecador y esclavo del pecado, la Ley lo condenaría, una Ley que no proporcionaba ningún sacrificio verdaderamente efectivo por los pecados, como lo hacía el rescate de Cristo. (Gál 5:1-6.)

 

 
Comentario de William Barclay:

 
Jesús hablaba a personas que estaban tratando desesperadamente de encontrar a Dios, y tratando desesperadamente de ser buenas, pero que estaban encontrándolo imposible, y que se hallaban sumidas en el agotamiento y la desesperación.
Les dice: «Venid a Mí todos los que estáis rendidos bajo vuestras cargas.»
 
Para un judío ortodoxo, la religión era cosa de cargas. Jesús dijo de los escribas y los fariseos: «Atan cargas pesadas e insoportables, y se las ponen a los demás sobre los hombros» (Mat_23:4 ). Para un judío, la religión era cosa de reglas interminables. Se vivía en una selva de normas que regulaban todas las situaciones de la vida. Se tenía que estar escuchando constantemente: "No hagas eso.»

Hasta los rabinos se daban cuenta de eso.

Hay una clase de parábola lóbrega que se pone en boca de Koré, que muestra lo impositivas y pesadas e imposibles que podían llegar a ser las demandas de la Ley:
 
«Había una pobre mujer en la vecindad que tenía dos hijas y un campo. Cuando empezaba a arar, Moisés (es decir, la Ley de Moisés) le decía: "No debes arar con un buey y un asno juntos." Cuando empezaba a trillar, él le decía: "Dame para la ofrenda elevada, y el primero y el segundo diezmos." Ella se sometía a la ordenanza, y se lo daba todo. ¿Qué hizo entonces la pobre mujer? Vendió el campo, y se compró dos ovejas para vestirse con su lana y sacar algún provecho de los corderos. Cuando tuvieron los corderos, Aarón (es decir, el sacerdocio) vino y le dijo: "Dame los primogénitos." Ella cumplió la decisión, y se los dio: Cuando llegó el tiempo de esquilar, y se puso a esquilar sus ovejas, vino Aarón y le dijo: "Dame las primicias de la lana de las ovejas" Deu_18:4 ). Entonces ella pensó: "No puedo resistir a este hombre. Mataré mis ovejas y me las comeré." Cuando hizo la matanza, llegó Aarón y le dijo: "Dame la pierna, las quijadas y el cuajar." Deu_18:3 ). Entonces ella le dijo: "Ni siquiera matándolas estoy a salvo de ti. Pues, venga: las consagro por voto" Y entonces Aarón le dijo: "En ese caso me pertenecen enteras." Num_18:14 ). Y se marchó con ellas y la dejó llorando con sus dos hijas»

Esta historieta es una parábola de las demandas continuas que hacía la Ley sobre las personas en todas las circunstancias de la vida. Esas demandas eran, sin duda, una carga.

Jesús nos invita a tomar Su yugo sobre nuestros hombros. Los judíos usaban la palabra yugo con el sentido figurado de someterse a algo. Hablaban del yugo de la Ley, el yugo de los mandamientos, el yugo del Reino, el yugo de Dios. Pero puede ser que Jesús tomara las palabras de esta invitación de algo mucho más próximo a Su hogar.

Dijo: "Mi yugo es fácil.» La palabra fácil es jréstós en griego, que quiere decir realmente que encaja bien.
Los yugos de los bueyes se hacían en Palestina, de madera; se llevaba el buey al carpintero para que le tomara las medidas; luego se desbastaba la madera, y se llevaba otra vez al buey para probárselo: se le ajustaba bien, para que no le hiciera daño en la testuz al paciente animal. Es decir: que el yugo se hacía a medida, como una prenda de vestir, para que le encajara bien al buey.

 
Cuenta una leyenda que Jesús hacía los mejores yugos de bueyes de toda Galilea, y que iban a Su taller de todas partes a comprarle los yugos para los animales. En aquellos días, como ahora en muchos sitios, los talleres tenían lemas y carteles encima de la puerta; y se ha sugerido que los del taller de Jesús eran un yugo y la frase " MIS YUGOS ENCAJAN BIEN».

Es posible que Jesús estuviera usando aquí un cuadro de Su taller de carpintero de Nazaret en el que trabajó fielmente durante Sus años de silencio.

Jesús dice: «Mi yugo encaja bien.» Lo que esto quiere decir es: "La vida que Yo te doy no es una carga que te desuelle; tu misión está diseñada a tu medida para que te vaya bien.» Lo que quiera que sea que Dios nos proponga encajará exactamente con nuestras necesidades y habilidades.

Jesús dice: "Mi carga es ligera.» Como decía un rabino: «Mi carga se ha convertido en mi canción.» No es que sea siempre fácil de llevar; pero se nos impone con amor; se nos propone llevarla con amor; el amor hace ligeras hasta las cargas más pesadas.
Cuando recordamos el amor de Dios, cuando nos damos cuenta de que nuestra carga es amar a Dios y amar a nuestros semejantes, entonces nuestra carga se convierte en nuestra canción.
Se cuenta que un hombre se encontró una vez a un chiquillo que llevaba a cuestas a otro aún más pequeño, que era cojo. «Esa es mucha carga para que tú la lleves,» le dijo el hombre. Y el chiquillo respondió: "No es una carga, señor; es mi hermanito”.» La carga que se impone con amor y se lleva con amor es siempre ligera.

 

¡Con qué diligencia, con qué sublime amor nos llama y nos invita nuestro Salvador!

¡Con qué familiaridad nos dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”  (Apo 3:20).

Él ve al hombre fatigado, cargado, abatido,  con el yugo de hierro con el que Satanás lo ha uncido, lo ha  sometido a la esclavitud del pecado. Pero de su misericordia, de su compasión, de su amor sublime, surge la invitación amorosa “venid a mí”; y la invitación se extiende a “todos”, no sólo a los creyentes nacidos de nuevo, (que también estamos expuestos a las cargas y sufrimientos que provienen del mundo pero ya liberados por Cristo del yugo de Satanás), sino también la invitación se extiende al que aún no cree (Juan 3:18) porque éste está condenado y permanece atado al yugo del diablo.

Jesús te invita que vayas a Él, y sin excusas, con toda la sinceridad de tu corazón, reconozcas lo que eres: un pecador, esclavo del pecado. Y como tal, necesitas Su perdón, necesitas que te quite el pesado yugo de hierro de la condenación  con todas sus cargas y cadenas,  y descanses en sus amados brazos.

 Si vamos a Él tenemos la certeza de encontrar en sus brazos el refugio seguro y el alivio para todas nuestras heridas y todas nuestras fatigas.

“El que no está conmigo está contra mí” (Mateo 12:30) dijo el Señor. No hay neutralidad en esta guerra espiritual, (Efesios 6:12)  “porque no tenemos lucha contra sangre y carne,  sino contra principados,  contra potestades,  contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo  contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.

Esto significa que si el Señor nos ha liberado del yugo de la esclavitud de los “gobernadores de las tinieblas de este mundo”, ahora estaremos luchando junto a Él en la batalla contra las huestes malignas.

Pero antes debemos sujetarnos al Jesús que nos invita a llevar Su yugo sobre nosotros, para que aprendamos de Él la humildad y la mansedumbre de Su corazón.

Cuando se unen dos bueyes por el yugo, es para que ambos caminen juntos, trabajen juntos y se repartan las cargas. Caminando bajo el yugo de Jesús, aprendemos a caminar con Él y como Él, por sus mismos caminos, con sus mismos pasos,  y nadie podrá desviarnos del camino al Padre.

Además tengamos presente que el divino Carpintero, ha estado preparando ese yugo para nosotros. La madera es liviana pero fuerte.
Liviana para que no nos pese el llevarlo, y fuerte para que resista sin romperse por el tironeo de los que pretenden apartarnos de Él.

Además, lo ha estado trabajando con amoroso esmero, redondeando todas sus aristas para que ajuste sin lastimarnos.

Está hecho a nuestra medida, para cada uno de  nosotros,  porque Él nos amó primero, y conocía nuestra necesidad de aferrarnos a Él;  por eso su yugo es fácil y su carga ligera.

Yo le digo a todo aquél que aún no le ha abierto las puertas de su corazón al amado Carpintero:

No dejes tu yugo tirado al costado de tu camino, no tengas a menos el amor de Cristo, el camino es muy duro y lleno de peligros, hay densas tinieblas que lo cubren y para llegar a su final necesitas que Él te acompañe. ¡Vuélvete y deja que te amarre a Su yugo fácil y agradable para que nadie te pueda separar de Su amor!

 

Rom 8:35  ¿Quién nos separará del amor de Cristo?  ¿Tribulación,  angustia,  persecución,  hambre,  desnudez,  peligro o espada?

Rom 8:36  Como está escrito: 

 "Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; 

 somos contados como ovejas de matadero

Rom 8:37  Antes,  en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó.

Rom 8:38  Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida,  ni ángeles ni principados ni potestades,  ni lo presente ni lo por venir,
Rom 8:39  ni lo alto ni lo profundo,  ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios,  que es en Cristo Jesús,  Señor nuestro

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